Ya casi va una semana y apenas voy terminando el post de mi pasado fin de semana!
Pues el fin pasado fui a encontrarme con una amiga a Zürich. La verdad es que esa ciudad me encanta por su atmósfera sofisticada y citadina, aunque pequeña, ordenada, atravezada por el río Limmat, el lago, las colinas que la rodean y los alpes de fondo hacen que la ciudad se sienta más ligera y cerca de la naturaleza. Sus iglesias protestantes me encantan, son una versión minimalista más austera de las iglesias católicas, además la iglesia Fraumüster tiene vitrales de Chagall y Giacometti realmente impresionantes.
Creo que ahí sí podría vivir, digo no por nada es la ciudad clasificada como la que tiene la mejor calidad de vida del mundo. Claro que comparte los mismos "defectos" de otras ciudades suizas, todo cierra temprano, casi nada está abierto los domingos, es pequeña, y de acuerdo a mí opinión los tipos de comida disponibles a precio decente son limitados comparados con otros países. Es extraño como esta ciudad tan extranjera poco a poco se me ha hecho tan familiar, por ser pequeña es fácil, después de alguanas visitas, ubicarse y reconocer lugares. El mismo pub, la misma calle, el mismo parque, cierta familiaridad y recuerdos que siempre conservaré de esta ciudad aunque no vuelva en mucho tiempo. También es por que yo ya tengo mi historia en esta ciudad, hace un año estuve ahí con un tipo que me dijo que me quería, yo no le creí y sigo sin creerle, él regresó a su país y no nos hemos visto desde entonces.
Este viaje fue más light y divertido. Mi amiga y yo nos la pasamos muy bien, nos quedamos en el área antigua del centro de la ciudad, llena de callejuelas, plazas, fuentes y ya los árboles de navidad. Reímos y reímos, y fuimos observados una y otra vez, no creo que por hermosos sino por ruidosos. Pero bueno hace un año que no nos veíamos y ella ahora está de regreso en México.
La parte antigua y el Limmat
